¿Se acabaron los completos con la JUNAEB?



¿Podremos los estudiantes chilenos seguir comprado estos ricos completos?


La Beca de Alimentación para la Educación Superior (BAES), consiste en un subsidio de alimentación entregado por la JUNAEB a través de una tarjeta electrónica (que los estudiantes cariñosamente llamamos la juna), con la cual es posible comprar en diversos locales y supermercados en el país. El beneficio está pensado para gastar 1600 pesos al día en un almuerzo, durante 20 días al mes.
Hasta hace algunos años era posible comprar bastante más que comida con la famosa tarjeta JUNAEB; desde cigarros hasta papas fritas, e inclusive alcohol. Quizás algunos de los que estudiaron en la década pasada recordaran haber tenido un carrete auspiciado por este beneficio estatal. Sin duda que esto era evidentemente opuesto al sentido de la beca, lo cual llevó a la modificación de su reglamento, pasando solo a comprarse comida con ella.
El mercado de los restaurantes, en su extraordinaria sabiduría producto de la mínima intervención estatal en la oferta entregada a los beneficiarios de la BAES, ofrecía a los estudiantes exiguos “menús JUNAEB” que generalmente constaban de fideos con salsa y ensalada los más generosos, o la mayoría de las veces simplemente de ensaladas surtidas con una reducida porción de atún. Los estudiantes podíamos elegir entre comer ese frugal almuerzo, u optar por comprar la promoción de completo gigante más bebida de turno, o simplemente las papas gigantes en el caso de las y los compañeros vegetarianos. La elección para la mayoría nos resultaba obvia.
Los datos generados a posteriori resultaron alarmantes. Solo en 2016 los estudiantes chilenos gastamos 21.000 millones de pesos del beneficio en cadenas de comida rápida. Expertos alzaron la voz, y en vez de criticar los hipocalóricos menús sugeridos a los estudiantes universitarios (famosos por nuestra voracidad) criticaron la libertad otorgada para hacer uso del beneficio. El problema para ellos no era el que los almuerzos sanos no fuesen atractivos, sino que el óbice era el otorgarle la posibilidad a los estudiantes de elegir en que gastar su beneficio.

El gobierno de Michelle Bachelet reaccionó en un momento de creatividad normativa, y decidió prohibir la compra de alimentos que no correspondan al menú Junaeb en los locales de comida, o en su caso no permitiendo la venta de alimentos que tengan en su rotulado más de 2 sellos "altos en" según la definición de la Ley N°20.606 y su reglamento.
¿Cuál es el problema de esta modificación?
En primer lugar, el menú junaeb de cada local siguió siendo el mismo. La norma se preocupó bastante de regular que no se podía comer, pero no se preocupó por aquello a lo que efectivamente accederíamos los estudiantes. Así, las opciones son los mismos fideos con salsa y ensalada, o la las ensaladas surtidas con la reducida porción de atún, solo que ahora con agua y no con jugo, pues este resulta alto en azúcares para el nuevo reglamento.
En segundo lugar, la prohibición de comprar productos con más de dos sellos “alto en” resulta tan absurda como la propia regulación de la ley 20.606 de etiquetado de alimentos. La legislación impulsada por Guido Girardi considera porciones fijas de 100 gramos para cada alimento, y no las porciones realmente consumibles. Efectivamente una persona puede consumir 100 gramos de pan, pero consumir los mismos 100 gramos en queso crema, o en galletas de soda pasa a ser bastante cuestionable. Sin embargo para nuestro legislador aquello resulta totalmente normal.
Producto de esa iluminada lógica legislativa los estudiantes a partir de este mes no podremos comprar un litro de leche entera de una marca bastante conocida en supermercados, por ser esta alta en grasas saturadas, calorías y azúcares. Algunos tipos de quesos, queques, galletas, crema de leche e inclusive ciertas barras de cereal serán considerados prohibidos.

Si bien el objetivo es que los estudiantes de educación superior tengamos una alimentación saludable, la respuesta difícilmente pasará por restringir un beneficio. Si los estudiantes muchas veces preferimos la opción de comida chatarra frente al menú junaeb, ello se debía a que esta última opción no era atractiva. Teniendo la opción de intervenir para ofrecer mejores alternativas de comida saludable, pudiendo incluso promover desde los Ministerios de Salud y de Educación un menú mensual sano y de calidad en los locales adheridos, el gobierno prefirió optar por una estrategia represiva, limitando la libertad de los estudiantes para hacer uso de su beneficio.
Sin embargo, un resquicio queda a los fanáticos de la comida hipercalórica: es posible todavía comprar pan de mesa, vienesas, tomates, palta, mayonesa y ketchup en los supermercados, por lo que completos con la juna hay para rato.


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