Cierre de planta Maersk: un fuerte golpe a la industria nacional





El 14 de junio de 2018 el puerto de San Antonio recibió una difícil noticia. Maersk Container Industry informó el cierre de las operaciones de su fábrica de contenedores refrigerados en Chile, debido en primer lugar a la sobreproducción de contenedores en el mundo, junto con la dificultad permanente para obtener en la región proveedores de insumos esenciales para la fabricación de contenedores. Chile pierde así un importante apoyo en su producción frutícola nacional (de gran importancia en el interior de lo que esperamos siga siendo nuestra región) y le asesta un fuerte golpe a nuestra industria nacional.

Resulta necesario aclarar puntos fundamentales. Esta fábrica producía un tipo de contenedor especial, conocido como “Reefer”, el cual cuenta con un sistema de refrigeración, y por ende necesita de conexión a corriente. Es un producto con un alto valor agregado, especialmente en un país que se encuentra entre los mayores exportadores mundiales de frutas como las manzanas, berries y paltas.
Si bien la industria chilena en su conjunto se ve afectada, principalmente complejo resulta para las industrias manufacturera, agroalimentaria, de transporte terrestre y portuaria, las cuales fueron incapaces de sostener esta fábrica en el país. Chile no fue capaz de competir en costo y diversidad, y el inminente cierre tomó por sorpresa al gobierno central.

La industria manufacturera nacional y regional no tuvo la capacidad de proveer los insumos que le permitieran a Maersk mantener la operación, por lo cual fue necesario importarlos, lo que llevó al aumento de los costos de producción de la planta causando que no fuese rentable seguir en Chile. A su vez, para la industria agroalimentaria la pérdida de esta planta podría causar un aumento en sus costos de exportación puesto que necesita de estos contenedores refrigerados para exportar la fruta.
El punto anterior nos lleva a considerar las empresas de transporte terrestre las cuales debían mover la materia prima en largos tiempos de transporte -de hasta cuatro meses- lo que no permitía a la fábrica ser ágil y cumplir con las necesidades de sus clientes. Especialmente duro resulta para la industria portuaria (San Antonio es el mayor puerto en tonelaje de Chile) por la pérdida de un productor de algo tan necesario en Chile como son los contenedores refrigerados.
Los industriales chilenos hoy no pueden competir al no estar en condiciones de proveer los insumos para que las fábricas como esta operen en Chile, lo que no hace más que validar la necesidad de fomentar la manufactura por la importancia que tiene en el ámbito social, laboral y económico. Tanto para darle valor agregado a nuestra producción, como para fomentar empleo calificado.

Finalmente, el Estado tiene su importante parte de culpa. En primer lugar, porque resulta sorprendente que las autoridades de los gobiernos tanto de Bachelet como Piñera no hubieran advertido los problemas que llevaron al cierre de la empresa. Tampoco se vislumbran propuestas en el programa del Presidente para la modernización de los procesos productivos en Chile, que tal y como se señaló, están al debe.
Este fue un duro golpe a nuestra industrial, pero Chile es capaz de levantarse de él, y esperamos el gobierno adopte las medidas necesarias para restablecer la capacidad industrial nacional. Medidas propuestas por los gremios tales como dar incentivos a las empresas que inviertan en nuevos bienes de capital, innovación, investigación y desarrollo contribuirán al avance de nuestra industria. También resulta relevante que Chile cuente con una institucionalidad que garantice la competencia en condiciones igualitarias con la industria extranjera, sin caer en el proteccionismo, y con plazos de operación razonables, protegiendo los derechos de nuestros trabajadores.


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