Demanda marítima en La Haya ¿Por qué seguir negociando con Bolivia?




El objeto de la controversia por la cual Chile esta demandado por Bolivia en la Corte Internacional de Justicia de la Haya consiste en establecer si Chile tiene o no la obligación de negociar con Bolivia un acceso soberano al Océano Pacífico, y en caso de existir tal obligación determinar si Chile ha cumplido o no con esa obligación. Como señala el fallo de las excepciones preliminares presentadas por nuestro país, la Corte no puede determinar el resultado de dicha negociación.

Nuestra Cancillería presenta esto como un logro: Chile en el peor de los casos se verá obligado a negociar de buena fe una salida al mar, cuestión que ya lleva más de 130 años realizando con Bolivia. En realidad, nos permitiría restablecer el estatus quo previo.
Los argumentos chilenos son bastante claros y contundentes. El Tratado de 1904 fija el límite entre Chile y Bolivia, el cual había quedado determinado por el desenlace de la Guerra del Pacífico. Bolivia perdió su soberanía sobre el litoral, pero recibió concesiones amplísimas para el acceso al mar, de forma que su situación de enclaustramiento es solo aparente, por ende no representa un problema insalvable para el pueblo boliviano su “mediterraneidad”.
¿Por qué entonces, si los argumentos son tan claros y contundentes, los políticos chilenos han ofrecido desde la misma guerra negociar una salida al mar para Bolivia?
En primer lugar, razones de geopolítica. Chile y Perú son las principales potencias del Pacífico Sudamericano, y como tales se enfrentaron en la Guerra de la Confederación y la Guerra del Pacífico. Además, la Escuadra Libertadora del Perú fue esencialmente una expedición chilena que invadió el país incaico. Dichos antecedentes bastan para que Chile busque constantemente la presencia boliviana en medio, para que sirva de “Estado Tapón” ante una posible agresión peruana contra Arica, o inclusive como un posible aliado en caso de agresión. En ese sentido se realizaron las negociaciones de Pinochet-Banzer entre 1975-1978.

Por otro lado el interés peruano en evitar esto resulta clave para entender la existencia de cláusulas como aquella del Tratado de 1929 (que resuelve la cuestión de Tacna y Arica) en la cual Chile queda obligado a consultar al Perú respecto de la cesión de territorios a una tercera potencia, con lo cual siempre las negociaciones han quedado truncadas.
En segundo lugar, la negociación con Bolivia se sustenta en razones eminentemente políticas. A partir de una noción de avanzar en pos de la integración latinoamericana, y en un supuesto interés de los pueblos chilenos y boliviano por solucionar este “problema” grupos y personalidades de izquierda defienden la entrega de una salida soberana al mar a Bolivia. Personalidades tan relevantes e ideológicamente distintas como José Antonio Gómez, Gabriel Boric, Guillermo Tellier, Alejandro Guillier y Marco Henríquez-Ominami han dado su apoyo a esto basados en un ideal “latinoamericanista”. En dicho sentido se dirigieron las negociaciones de 2006 de Bachelet.
Sin embargo, ninguna de las dos posturas resulta hoy plausible. Las condiciones de la guerra moderna si bien pueden justificar la existencia de un Estado Tapón, las posibilidades actuales de conflicto son inferiores, y resultan mayores las ventajas derivadas de la frontera común con el Perú, país que es importante foco de inversiones chilenas además de compartir membresía en la Alianza del Pacífico. Bolivia en cambio está vinculada al Mercosur, y su inestabilidad política, ligada a la falta de garantías legales para los inversionistas, sumado a un alarmante nivel de narcotráfico la transforman en un ingrato vecino.

Respecto de la mal llamada “integración latinoamericana” promovida por los regímenes bolivarianos, es curioso que sus reivindicaciones en pos de la armonía regional impliquen segregar territorio chileno, pero en modo alguno apunten a restablecer la soberanía nacional en Patagonia, o en alcanzar una justa salida al Océano Atlántico.
Si la Corte de La Haya falla en favor de Chile, claramente esto debería ser el fin de las negociaciones limítrofes con Bolivia. Al igual que se ha practicado en Europa, la integración y cooperación pasan por trabajar mirando hacia el futuro buscando superar problemas comunes y alcanzar objetivos nacionales en pos del bienestar de sus pueblos, y no pasa por comenzar a revisar fronteras. Ya dos guerras mundiales y una guerra fría se lo enseñaron a los europeos. 



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